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El fútbol, Inglaterra y los Hooligans

Nov 08, 2007 in Uncategorized

Cuando hablamos de este hermoso deporte se nos vienen a la cabeza muchos recuerdos. Claro está, si es que a uno le agrada verlo. Porque hay muchas personas que también lo detestan. Sin embargo, para los amantes del fútbol, observarlo es una de las mejoras cosas de su vida. Y no exagero con tal afirmación. Es más, para miles de personas, el fútbol es un motivo más para vivir. Genera pasión, tristeza, ira, alegría, melancolía, nostalgia, envidia. En fin, tantas emociones y tantos sentimientos que confluyen en un mismo lugar y que por noventa minutos paralizan a todo aquel que lo esté observando. Cabe señalar que el inicio de este deporte se dio en Inglaterra, y a partir de allí se extendió alrededor del mundo. Los ingleses fueron los pioneros y se encargaron de imprimirle ésta mística que aún conserva hasta nuestros días. El tiempo transcurrió y el fútbol poco a poco dejó de ser un deporte festivo que congregaba a toda la familia, y se convirtió en el medio perfecto para canalizar toda la violencia que muchas personas sentían. Es más, las calles y los estadios, se volvieron centros de batalla. En sí, esta problemática nació en Europa, con la aparición de hinchas fanáticos que en nombre de su equipo cometían actos vandálicos a diestra y siniestra. Los primeros en surgir fueron los hooligans. Estos barristas eran de nacionalidad inglesa y tan solo actuaban cuando su selección jugaba algún partido internacional. Desde que se les conoció por primera vez a principios de los ochentas, la ola de violencia aumentó de manera considerable. Calles y barrios destrozados, estadios clausurados, muertes, heridos, daños a terceros. Toda una espiral de violencia que no se detenía ante nada. Lo curioso de este asunto era que estos hinchas actuaban de esta manera solo cuando su selección jugaba algún partido. En el torneo doméstico inglés, no ocurría prácticamente nada. Los encuentros se jugaban sin ninguna clase de complicación y la violencia no existía. Una prueba de ello, era que en los estadios no habían rejas que separaran la cancha de las tribunas. Lamentablemente, tuvieron que ocurrir muchas muertes, para que las autoridades europeas y sobretodo británicas, tomen cartas en el asunto. En sí, la ola de violencia que desataron los hooligans traspasó las fronteras británicas y se expandió a otros países. Por ejemplo, si un equipo inglés o la selección inglesa tenía que jugar un partido en el extranjero, miles de hinchas viajaban rumbo a esa nación para “supuestamente” observar el encuentro y alentar a la selección nacional o al equipo de su preferencia. Sin embargo, ocurría todo lo contrario. Por eso, a finales de la década de los ochentas y principios de los noventas, se tomaron una serie de medidas radicales en contra de esta clase de barristas. Las normas eran claras y las penas eran durísimas. No iba a haber contemplaciones. Por eso, al poco tiempo de haber sido dadas, la violencia empezó de manera considerable. Los partidos de la selección de Inglaterra se empezaron a jugar de otra manera sin la presencia de estos individuos. Algunos fueron encarcelados, otros fueron prohibidos de ingresar de por vida a cualquier estadio inglés o extranjero. Actualmente, aún quedan algunos hooligans pero su presencia es casi minúscula. Hoy en día, los partidos en Inglaterra y en muchos lugares de Europa se juegan de manera pacífica y tranquila. Aunque tampoco debemos olvidar que en ciertos países tales como Italia, Grecia o Turquía, la violencia sigue causando estragos. En estas naciones, los barristas aún no comprenden la verdadera dimensión del fútbol. O sea, jugar para divertirse y entretener al público. Felizmente, las medidas que se han tomado en estos países, han empezado a tener buenos resultados. Ojalá que en un futuro, estos puedan llegar a ser comparables como los que se llegaron a dar en Inglaterra contra los temidos y olvidados hooligans.